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La superpíldora que todo lo cura, ¿a la venta próximamente?

Si existiera una píldora para prevenir todas las enfermedades, ¿la tomaría? ¿Y si le dijéramos que tiene los mismos efectos que un estilo de vida saludable…?

Son las diez de la mañana y el cartero llama al timbre. Abre el paquete certificado y encuentra, por fin, su pedido: un bote blanco nacarado, procedente de la empresa Elysium Health, que contiene 60 píldoras. Dosis suficientes para todo un mes. Su precio –50 dólares– no parece excesivo para lo que ofrece: frenar, de manera eficaz, el envejecimiento.

The New York Magazine publicaba este mes un completo artículo sobre el producto desarrollado por Leonard Guarente, director del Center for Science of Aging Research del prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), que ya se ha empezado a comercializar y que se anuncia como “el primer producto de salud celular en todo el mundo”.

Una búsqueda milenaria

plato de pastillas y pildoras

Los antiguos griegos nos legaron una palabra que hoy suena exótica y mitológica: panacea. Los árabes tuvieron su exeer al-hayat o elixir de la vida; lo

s alquimistas medievales, sus pociones mágicas; los cantares de gesta, sus curas milagrosas; y hasta nuestro D

on Quijote se desveló durante varios capítulos buscando el bálsamo de Fierabrás. Desde tiempos inmemoriales los humanos, frágiles pero incansables y curiosos, se han enfrascado en la difícil epopeya de encontrar una cura para to

dos y cada uno de los males que nos aquejan. La búsqueda, posiblemente interminable, del maravilloso re

medio para todo (pan–akos) se remonta milenios atrás en la historia del hombre y, por supuesto, continúa en nuestros días.

La metformina, un compuesto muy utilizado para la diabetes, incluido por la OMS en la lista de Medicamentos esenciales para la humanidad, es capaz de alargar un 20% la vida en ratones

Si tenemos en cuenta que la esperanza media de vida en la Antigua Grecia se situaba en torno a los 30 años, y que en la actualidad la media mundial ya ha superado los 70 años –y los 80 en muchos países–, objetivamente bien podríamos decir que estamos en el buen camino. Vivimos más del doble que aquellos que compartieron tiempos con Galeno e Hipócrates y, aún así, seguimos lejos de alcanzar totalmente lo que significa el término panacea… aunque, en determinados campos de la medicina, quizá no tanto.

Pero empecemos de forma menos metafórica y seamos prácticos, lo que nos obliga a analizar primero el problema antes de llegar al remedio. O lo que es lo mismo, preguntémonos de qué nos morimos los humanos. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), lo hacemos de problemas cardiovasculares, tumores, procesos neurodegenerativos y complicaciones respiratorias: más de un 65% de las defunciones que ocurren en nuestro país se debe a alguna de esas causas, siendo las cardiovasculares las que tienen mayor prevalencia. A escala mundial, la Organización Mundial de la Salud (OMS) señala, con pocas diferencias, los mismos culpables: enfermedades del corazón, infartos, enfermedades pulmonares e infecciones respiratorias, hipertensión… Todos muy comunes en la vejez.

Fuente de la noticia: http://elpais.com/elpais/2016/10/07/buenavida/1475842113_535517.html

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